18 mayo, 2021

El huevo fósil más grande

Cada vez que nos hemos imaginado un huevo de dinosaurio lo hemos hecho evocando un gran huevo con una capa dura que las crías rompían al nacer. La ciencia también apoyaba esta teoría. Hasta ahora. Un nuevo estudio llevado a cabo por científicos del Museo Americano de Historia Natural ha descubierto en la Antártida el primer huevo fósil de dinosaurio del tamaño de una pelota de fútbol desinflada -o una enorme patata arrugada- que ha sido apodado "La Cosa"; y no tiene una cáscara dura. 

Los expertos estiman que tiene unos 68 millones de años, una fecha cercana al evento de extinción de la mayor parte de dinosaurios a causa de un meteorito de unos 10 kilómetros de diámetro (hace 66 millones de años durante el Cretácico). 

El tamaño de los huevos que pone es asombroso: mide 28 x 7 centímetros; siendo el huevo de cáscara blanda más grande jamás descubierto (y el segundo más grande si lo comparamos con cualquier animal conocido, como el ave elefante, ya extinto). Supera con creces los límites de hasta qué tamaño podían llegar a crecer los huevos de cáscara blanda, según los científicos. Además de su tamaño, el fósil es significativo porque los científicos creen que fue puesto por un reptil marino gigante extinto, un descubrimiento que desafía el pensamiento predominante de que tales criaturas no pusieron huevos. 

"Es de un animal del tamaño de un dinosaurio grande, pero es completamente diferente a un huevo de dinosaurio", comentó Lucas Legendre, investigador postdoctoral en la Facultad de Geociencias Jackson de la Universidad de Texas Austin, y líder del estudio que publica la revista Nature. "Es muy similar a los huevos de lagartos y serpientes, pero de un pariente verdaderamente gigante de estos animales".

El fósil del huevo no cuenta con un esqueleto dentro para confirmar la especie, pero el análisis de las secciones de los restos reveló "una estructura en capas similar a una membrana blanda y una capa externa dura mucho más delgada, lo que sugiere que tenía una cubierta blanda. Esto también fue confirmado por análisis químicos, que mostraron que la cáscara del huevo es distinta del sedimento a su alrededor, y originalmente era un tejido vivo", explican los autores.

Según los expertos, el huevo no pertenecía a un dinosaurio, pues los que vivían en la Antártida en ese momento eran demasiado pequeños para haber concebido un huevo de tal magnitud. En cambio, creen que proviene de una especie de reptil, posiblemente un grupo conocido como mosasaurios, que eran comunes en la región. Para reforzar esta teoría, el huevo fue encontrado en un sitio donde se han encontrado esqueletos de bebés mosasaurios y otros reptiles marinos llamados plesiosaurios.

Anteriormente se creía que los reptiles marinos gigantes del Cretácico no ponían huevos, sin embargo, "nunca se ha descubierto nada como esto".

Tampoco está claro cómo eclosionó el animal. Podría ser que la madre puso el huevo en aguas abiertas de la misma manera que las serpientes marinas modernas, o que el reptil se arrastró hacia la orilla (habría sido demasiado pesado para soportar su propio peso corporal) y usó su cola para crear un nido antes de que sus crías se escabulleran al mar como hacen las tortugas marinas hoy día.



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